
Libre mercado
Que abrir un negocio no dependa del permiso de nadie. Respeto a la propiedad y reglas que no cambien cada seis meses. El crecimiento no se decreta: se libera.
No pedimos nada regalado. Pedimos que nos dejen trabajar. Lo demás lo pone el venezolano.
Durante décadas el Estado repartió una renta que no producíamos, y nos acostumbraron a esperar. El resultado está a la vista.
Pero hay otra Venezuela: la del que sube la santamaría a las seis de la mañana, la del que siembra, la del que estudia de noche. Esa Venezuela no pide limosna. Pide reglas claras y que la dejen trabajar. Convencer al país de eso es la batalla cultural, y se gana conversando, uno a uno.
Abogado egresado de la UCV, con estudios de economía en la Universidad de Colorado y una maestría en políticas públicas en Georgetown. Dirige el IFEDEC, el centro de formación política donde miles de venezolanos han estudiado por qué los países libres prosperan.
Su aula más grande, sin embargo, no tiene paredes: cientos de miles de venezolanos lo siguen en redes para oír, en pocos minutos y sin jerga de economista, por qué el modelo estatista empobrece y la libertad económica saca países enteros de la pobreza. Esa misma conversación es la que hoy lleva, en persona, de pueblo en pueblo.
Cuatro convicciones que ordenan todo lo demás. Sin letra pequeña.

Que abrir un negocio no dependa del permiso de nadie. Respeto a la propiedad y reglas que no cambien cada seis meses. El crecimiento no se decreta: se libera.

Venezuela pasó décadas repartiendo una renta que no producía, y ya vimos cómo termina eso. La salida es el campo, la industria y el que se atreve a emprender: que el ingreso del venezolano venga de su trabajo y no de un subsidio.

Educar para competir con el mundo, no para agradecerle al gobierno de turno. Que el mérito —no el carnet— vuelva a abrir puertas.

Nadie quiere limosna. Todo el mundo quiere una oportunidad. Un Estado que sirva al ciudadano en vez de comprarlo.

«Es necesario dar una batalla cultural.»Pedro Pablo Fernández · Maturín, febrero de 2026
Por años se instaló la idea de que depender era normal y producir era sospechoso. Cambiarla es un trabajo lento, de conversación en conversación. Ya empezó.
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